Manuel
Mientras Marta hacía las maletas para irse en busca de experiencias nuevas a la bonita Italia, yo la miraba con recelo. ¿Y si me iba?¿Con ella? ¿Y Clara?
Clara si que me traía por el sendero de la desesperación en algunos momentos. Aunque era un cielo, un sol y yo entiendo que Jorge la quisiera tanto, y comprendo que todos los hombres de su vida, al fin y al cabo hallan vendido medio corazón por ella.
Yo también lo haría. Era mi musa, mi reina, la niña de mis ojos. Era ella, pero yo sólo poseía su parte de letras. Su corazón, lo tenía un zaragozano que recorre España en busca de sus besos y que la abandona en las estrepitosas arenas valencianas. La echaba de menos nada más cerrar la puerta de su dormitorio y muchas veces deseaba besarla con todas mis ansias. Pero quizás si eso ocurriera, se rompiese la magia. O quizás fuese tan especial, tan irreal, que aquellos nos sobrepasase. Más bien quizás a mí, porque ella quería sin mesura. Y tanto que amaba, sin cabeza y con todo su corazón rojo, latente, bombeante.
Las relaciones son complicadas en el momento en que empiezas a pensar quien quiere más, quien da más o simplemente cuando empiezas a cuestionar sobre los sentimientos. Pero todo llega a ese punto, camines por donde camines, encuentres los senderos y obstáculos que encuentres, da lo mismo, todo llega a un punto en el que las cosas van a mejor, se quedan o empiezas a resbalarse. Como todo en esta vida. Y yo me encontraba ahí, queriendo a Clara sin saberlo, mirándola mientras dormía y echándome lastre para no enseñarle todos los versos que había publicado en su nombre. Mi libro se estrenaba en tres semanas y su título era:
Una triste amapola clara.
Porque cuando la vi por primera vez, tenía la mirada perdida y sin brillo. Por momentos lo recupera, pero sigue apagada, y me da miedo descubrir como es en todo su esplendor...quizás en ese momento me enamore perdidamente de Clara. Pero a pesar de todo, del brillo, de los versos, de su boca, su silueta, su magia...Mi amapola triste no era mi ELLA.
Mi ELLA o como se denominaba en la antigua Grecia, a la única persona que te ha robado cada latido de tu corazón, era italiana y quizás con un poco de valor iría en su búsqueda...Sin embargo, no quería desprenderme de Clara
Mi ELLA o como se denominaba en la antigua Grecia, a la única persona que te ha robado cada latido de tu corazón, era italiana y quizás con un poco de valor iría en su búsqueda...Sin embargo, no quería desprenderme de Clara


2 comentarios:
pues debe desprenderse!
clara no le pertenece..
:)
no cualquiera es capaz de escribirte un libro de poemas...
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