jueves 10 de diciembre de 2009

46

Clara

Manuel seguía tan alto, poeta, mágico y especial como siempre. Ir con Manuel era como flotar. Me sentía un algodón de azúcar. Estar con él era soñar, era vivir el sueño que muchas soñábamos con tener y que un día dejamos de intentar conseguirlo.
Entonces, hablé con él.
-Jorge sabrá, tarde o temprano, que la de tu libro soy yo.
-¿Así?
-¡Claro! Se le dan muy bien las matemáticas.
-¿Por las matemáticas lo va a averiguar?
-No es tonto. Sabe que Marta...
-¿Qué pasa con Marta?
-Bueno, no sé... estáis...con lo vuestro ¿no?
-No lo sé ni yo.
-Vale.
-¿Se ha ido?
-Sí, se fue.
-¿Sabes a dónde?
-No. Sólo sé que se fue. Ya no estaba por las mañanas. No dejó una nota. No quise llamarla.
-Leyó el libro ¿verdad?
-Es posible...
-¿Y Jorge?
-Jorge me ha pedido que me casé con él.
-¿Ha leído el libro?
-Y aún no le he contestado.
-Quizás deberías esconderlo.
-No sé qué hago aquí.
-Decidir qué le vas a decir.
-Pero si no me escuchabas, si me estabas hablando del libro.
-¿Crees que no lo sabía?¿Crees que te hubiese mandado ese libro así por qué sí, si no te hubiese pedido matrimonio? ¡Joder Clara! ¡Qué eres muy joven! ¡Qué te vas a ir! ¡Qué no voy a poder quedarme en tu hamaca y mirarte mientras duermes! ¡Qué he perdido la batalla! ¿No te das cuenta?
-No me levantes la voz. Odio que lo hagas. No soy ningún premio, ni tienes que combatir ninguna guerra, ni pelear por mi.
-¿No debo hacerlo porque le vas a decir que sí?
-¡No tiene qué ver con el matrimonio Manuel! ¡Ni con Jorge!
-¿Entonces?
-Es..
-No me digas que es Jorge, que es él, porque no es cierto. Porque no has venido aquí sólo por ti. Porque le has mentido. Porque sabes que si se lo dices, si le dices la verdad, si le dices que me quisiste y que quizás aún lo sigas haciendo, lo destrozas, y no quieres correr ese riesgo ¿verdad?
-No es justo.
-Lo que no es justo es esto Clara, que vengas hasta aquí y no tengas el valor de decirme que ya has decidido qué contestarle, pero que todavía él no lo sabe, porque el primero que debo saberlo soy yo.

Tenía razón. Yo ya había decidido y nadie lo sabía. Le besé en la mejilla. Abrí los ojos. Le abracé. Quise que aquello durase mucho, demasiando, casi eterno, pero no pude.  No podía. Tenía razón. Manuel siempre la tenía.

2 comentarios:

sigo siendo yo dijo...

Lo único que he hecho en todo el día ha sido leer tu blog. Me encanta, es fantástico :D

Ender dijo...

Me gustaría ser Manuel.

Espero poder leer tu libro ;)

 
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