sábado 6 de febrero de 2010

48

Jorge

A veces, al igual que las situaciones y los sentimientos, las personas cambian. No hizo falta besarla, ni tocarla, ni decirle nada. La conocía tan bien que sabía que ni siquiera estaba ahí. Físicamente sí, pero lo físico en ella no importaba.
Una vez leímos un artículo de Isabel Coixet que decía que los abrazos no eran como los besos pero casi. Esa era su filosofía, así que antes de que todo se derrumbase, antes de que sus abrazos fuesen despedidas, fui directo a ella, y lo hice.
Cogí su maleta, la dejé a un lado. Sus ojos juguetearon con los míos. No estaba cansada, lo que estaba era derrotada. La abracé. Fuerte, como si el hecho de hacerlo pudiera recomponerla de nuevo. Le susurré al oído que todo iba a ir bien. Entonces, apoyó su cabeza sobre mi hombro. No hubo respuesta. No la había, ni la iba a haber. Clara había dejado de estar en este planeta para irse al suyo propio. De nuevo le susurré algo al oído.
"No digas nada, no hace falta que hables. Ahora vamos a ir a casa, te voy a desvestir. Vas a ponerte tu camiseta talla XL de los Ramones y te vas a ir a la cama. Haré un chocolate, te lo llevaré. Lo dejaremos en la mesilla. Me meteré contigo, te abrazaré. Lo haré hasta que duermas, y una vez que lo estés, seguiré haciéndolo. Hasta que vuelvas."


Me pareció escuchar un "Gracias, no te merezco" sin embargo, lo pasé por alto.
Al llegar a casa, Marta también había vuelto. De nuevo estaban las dos juntas, aunque ni siquiera se miraron. Clara no era persona y Marta estaba deseosa de que Manuel volviera.
Fui a la cocina, esperanzado de que sólo fuese cansancio por el vuelo, engañándome a mí mismo. Lo tonto que uno se vuelve por amor. Lo tonto que es uno cuando se enamora. Marta me pilló desprevenido.

-¿Viene de Nápoles?
-Sí.
-¿Y cómo está?
-¿Ella o Manuel?
-Primero ella, aunque esa bolsa de chocolate a la taza me indica tu respuesta.
-Está cansada.
-¿Y casada?
-No.
-Bueno al menos habéis esperado a que vuelva y podré ser la madrina ¿no? jajaja
-Nadie va a ir a ninguna boda.
-¿Te ha dicho que no?
-No ha hecho falta. Hizo las maletas. Se fue a Nápoles. Ha vuelto. Ya no es ella. Sé que ha vuelto porque cree que por una vez, debe dar la cara.
-Dale tiempo.
-Eso es justamente lo que no quiero.
-Me voy a quedar en el salón toda la noche. Por si quieres tomar más chocolate y hablar. O hablar en silencio. Es igual de curativo.
-Gracias, pero le he dicho que me iba a quedar con ella mientras dormía.
-No te merece.
-Sabes, es curioso, eso mismo me ha dicho antes.

Y me fui, con la taza de chocolate demasiado caliente. Pero no la sentía entre mis manos. Supongo que es lo que pasa cuando vas camino del final. Cuando caminas hacia la última noche de amor. Cuando piensas dónde diablos se ha escondido ese maldito sentimiento que te hace sonreír incluso mientras duermes. Sólo piensas en qué momento vino el final y tú no pudiste ni verlo.

5 comentarios:

Ana AA dijo...

snif snif =(

monty dijo...

no se la merece...
pero no les concibo separados..

gracias de nuevo, por volver
y hacer que la espera no fuera tan larga

Pilar dijo...

Todo se cura :)
y siempre llega alguien que nos merecemos
besos y abrazos y amorosos, para ti, y para Jorge, Clara, Manuel y Marta. Para que no tarden en volver :)

Vane dijo...

Se merecen entre si?

Liilyth dijo...

Increible.

La verdad es que debería estar estudiando y me he sorprendido leyendo tu mini-libro de principio a fin.. Y me ha encantado de verdad.

Es increible lo que te pueden hacer sentir unas palabras, no?

Espero que sigas escribiendo, porque creo que me he aficionado terriblemente a tu forma de escribir :)

Lídia

 
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