viernes 5 de marzo de 2010

50

Manuel

Pisé Barajas a las 10 de la mañana, con antojo de tortilla de patata, tres maletas de más y una bolsa llena de pasta. El vuelo a Valencia salía  a las doce y media. No había vuelto a saber nada de Marta. Realmente, siendo sincero conmigo mismo, había perdido el valor, para volver a casa.
No tuve muy claro por quién de las dos me temblarían más las piernas. No lo tuve claro hasta que mi avión llego y las vi.
Marta llevaba el vestido que le regaló su madre las navidades pasadas, unas botas negras que le robó a tu hermana y el abrigo color beis que le dejé en la cama, como regalo de amigos. Clara, llevaba unos vaqueros, la sudadera del pijama, y unas zapatillas que su madre, si hubiera estado viva, se las habría tirado a la basura hacía mucho tiempo. Estaba guapa a pesar de todo.
Marta, cogió mis maletas, y se dirigió hacia el coche. Clara no me miró, se mantenía a mi lado. Sigilosa, presente, callada. De vez en cuando, miraba de reojo la bolsa llena de pasta. Sabía que era su regalo. Se le escapó una sonrisa tímida, picarona, espléndida.

-¿Qué tal por Valencia?
-No he salido mucho.
-¿Ha hecho buen tiempo?
-Sí, aunque ha llovido.
-Vaya...
-No te pega tener conversaciones triviales conmigo.
-¿Y cuáles son las que me pegan?

Me miró a los ojos como diciendo "Te pegan de esas conversaciones en las que en vez de frases hechas, me hablas con poesía. Te pega hablarme de metáforas, mientras yo me hago la tonta y te hago creer que no sé que todas ellas se refieren a mí. Te pega decirme en el ascensor que mi jersey es menos morado que tu camiseta, siendo que la tuya es roja y mi jersey es amarillo."

-No sé, las que no son triviales. Esas son nuestras conversaciones.
-¿Quieres tener una de ellas?
-No.
-¿Entonces?
-Creo que no es muy difícil ¿no? Si tú y yo no tenemos conversaciones absurdas, si no más bien nuestras, y te digo que no quiero tenerlas es porque no quiero.
-¿No me quieres?
-Lo que no quiero es hablar. Porque tengo que pensar. Y Jorge me habla demasiado, y sólo necesito escuchar el sonido del mar, y pensar. No es que no te quiera, que lamentablemente, lo hago. Lo que no quiero es hablar.
-De acuerdo. Mañana te llamaré al timbre a las 7 de la mañana. Iremos a la playa, nos sentaremos en las rocas. Veremos amanecer, callados, en silencio, todo el tiempo que haga falta, mientras tú piensas.
-¿Y tú qué vas a hacer?
-Mirarte.

1 comentarios:

monty dijo...

mirarte..y esperar.
grandioso.
gracias nerea

PD: quizás marta pueda encontrar a un extranjero...:)

 
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