Clara
Marta apareció, nos ofreció té y le preguntó a Manuel qué tal sus poesías, qué tal sus musas, qué tal su vida, qué tal Italia, por qué había vuelto.
Y ahí estaban, las preguntas y las respuestas, en la misma habitación. Podría haberlas contestado yo misma. "Yo soy la culpable de todas ellas" pero bebí café, un sorbo suficientemente grande como para no prestar atención al resto de las palabras. "Nada, lo normal, escribiendo un poco. Italia...es Italia. Necesitaba volver a casa".
"Mal Manuel, mal" pensé. Marta sonrió como si aquel "necesitaba volver a casa" fuese un "me moría de ganas de verte". Dejó su taza de té en el fregadero y salió a la terraza a fumar un cigarro. Se había largado todo un verano y había vuelto con una nueva adicción debajo del brazo.
-No se lo voy a contar.
-Si me pregunta no le voy a mentir.
-¿Y qué le dirás?
-Nada.
-¿Nada?
-Exacto.
-¿Para ti significó eso?
-No pasó nada.
-¿Seguro?
Y me plantó un beso. Se me rompió la taza. Se apartó de mí. Coleccioné su perfume. Cogí mi bolsa. Me bajé a la playa. Me enfundé el bañador. Iba a nadar, tanto que se borrasen de mi esos besos. Me había besado y por alguna extraña razón mi piel se había erizado. Mierda, mierda, mierda, mierda, mierda, mierda. Que el mar me arranque todo. La vida, los besos, el café y la esperanza.


1 comentarios:
¡qué buena lectura para la vuelta a la rutina!
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