Jorge
Tras unas semanas lejos de Clara, volví con ella. Con el tiempo, con los amigos, con la familia, en el hogar, las cosas se habían calmado. Al llegar a Valencia, el sol pegaba con fuerza y no podía vislumbrar quién estaba en la estación. Mientras caminaba cargado de maletas, unas manos recorrieron mi cintura y un suave beso en la nuca me hizo encontrar a quien no encontraba.
Me di la vuelva sonriendo, creyendo que por un momento las cosas seguirían mejor de como las dejé, que ambos nos habíamos recuperado, que íbamos a disfrutar de ese amor que tuvimos. Sin embargo me equivoqué.
Marga, con una sonrisa de oreja a oreja me sonreía como si ambos nos estuviéramos esperando, como si tras un largo viaje nos reencontrásemos. Un encuentro de enamorados.
-¡Ey vaquero! ¿te ayudo con algo?
-E...esto...e...no sé, no, no, no, no hace falta.
-¿Te has quedado sin palabras? Vengo todas las tardes al kiosko de la estación a comprar los boletos de la lotería de mi abuela. ¡No te creas que venía de propio a por ti! No he sabido de ti en mucho tiempo.
-Ya, bueno es que no he estado en Valencia.
-Por el equipaje y que bajas de ese tren, ya lo supongo.
-Sí, es cierto...
-¿Nos tomamos ese café que nos debíamos?
-Es que llevo prisa.
- ¿Es que acaso alguien te espera? ¡Venga, no seas un soso, ven a tomar café conmigo!
-Espera, hago una llamada y voy.
"-¿Sí?
-Clara, soy yo.
-¿Has llegado ya?
-Sí.
-¿Voy a buscarte?
-No, no hace falta.
-Seguro que sí. Vendrás cargado de la comida de mamá, ella siempre supo que no sabía cocinar demasiado bien.
-No, de veras.
-Vale, como quieras. De todas formas llegas en diez minutos ¿no?
-Verás es que te llamaba para eso. Voy a llegar más tarde, me he encontrado a una amiga y vamos a tomar algo.
-Ah, vaya, bueno, esto, vale, no importa.
-Luego nos vemos."
¿Ya eres completamente mío? dijo Marga alegremente, agarrándome del brazo. Sonreí, sin afirmar ni desmentir, únicamente sonriendo, como si evitar dicha pregunta fuera fácil. Ahí estaba, paseando cerca de Clara, agarrado a Marga, sin ser del todo de una, y nada de la otra. Los cafés nunca han hecho nacer sentimientos, únicamente falta de sueño, así que no tenía que tener miedo. Volvería a casa y todo estaría mejor de como lo dejé. Clara y yo estamos bien, me decía una y otra vez mientras veía los labios de Marga moviéndose sin cesar, contándome cosas del mar y yo únicamente pensaba si también ellos sabrían a sal.


2 comentarios:
uiuiui
quiero saber mas!!! :)
escribes genial y siempre me sabe a poco jiji
un besico desde las antípodas
creí haberte puesto un comentario
lo único que no me gusta de este blog/historia; es lo poco que se actualiza
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