miércoles, 17 de noviembre de 2010

56

Sebastián

Esta historia empieza como todas. Chico que conoce a chica. Lo que la hace especial, como en casi todas las historias, es ella.

Empecemos desde el principio. Me llamo Sebastián y soy un profundo amante de las de naranjas. Redondas, tersas y ásperas. Narajas. En mis ratos libres, que suele ser casi todo el tiempo, termino la carrera de arquitectura. Pierdo mi tiempo en el mar junto con un pequeño velero, regalo de mi padre. Como tripulación únicamente llevo a Marta. Mi cielo, mi estrella, mi fiel marinera. Amigos de la carrera, Marta y yo compartíamos el día a día. Vecinos de la vida, apasionados por el arte, enamorados de las olas.

Marta podría haber sido la chica, durante un tiempo lo fue, sin embargo, como podéis observar dejó de serlo. Tal vez porque yo no era su chico, así que me tragué el orgullo y conocí a Manuel. Conocí a un par de mujeres, lo suficientemente listas como para darse cuenta de que sus manos ocupaban los huecos que alguien había dejado y que únicamente eran eso, tiritas que curan el paso del tiempo. ¡Y tanto que me curaron!

Como ya he dicho, las naranjas y yo somos complementarios, así que una tarde de primavera hicimos naranjada en casa de Marta. Siempre hablaba de Clara, de sus ir y venir con el novio, que la vida le había tratado mal y sin embargo seguía a flote. Aquella tarde, esa chica, estaba hundida. No podría decirte a que profundidad, pero sus ojos no brillaban. De reojo la observaba, tímidamente. Quería cogerla, preguntarle, rescatarle, llevarla al mar. Desde ahí todo es distinto. La brisa es libertad, la sal te da la paz. Quería darle todo aquello a alguien que no conocía. El morbo de lo desconocido, de querer salvarla sin que ella me lo pidiese.

Así es como ocurrió. Como dejé de buscar manos cargadas de erotismo empecé a encontrarme con ella desde la distancia.

Marta me contó que Clara y Manuel eran poesía juntos, y separados únicamente melodías mal hechas. Jorge y Clara fueron el fuego de la pasión y ahora andaban en busca de un mechero que les encendiera.
Fantaseaba con la mejor amiga de la que podría ser la chica de esta historia, sin embargo me gustaba la idea, me sentía el héroe de alguien aunque ese alguien ni siquiera supiese que iba a salvarla de su propio naufragio.
 
Header Image by Colorpiano Illustration